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La Red Local de Cooperación
sobre Medio Ambiente Urbano y Derarrollo Sostenible (M.A.U.D.S.)
es una lista de distribución es decir, es un mecanismo de
difusión de información basada en mensajería
electrónica.
El objetivo de una lista de distribución es el de hacer llegar
mensajes a varios usuarios de una vez, en lugar de enviar un mensaje
individual a cada uno de ellos. Las listas de distribución
son útiles para debatir temas de interés común
cuyos componentes deban estar permanentemente informados.
Los usuarios suscritos a la lista de Distribución son los
que envían mensajes a la lista para ser distribuidos mediante
el envío de mensajes de correo electrónico a la dirección
redmauds@bajoguadalquivir.org, el decir, el usuario de la lista
que envía un correo a la dirección redmauds@bajoguadalquivir.org,
este correo le llegará a todos los usuarios suscritos a la
lista.
LÍNEAS ARGUMENTALES:
Queremos iniciar, a partir de varias líneas
de reflexión, un debate en la red para conocer las opiniones,
los ejemplos, las discrepancias, etc. que os sugieren los temas
aquí planteados. Las líneas son las siguientes:
1) Sobre transporte y movilidad:
Si un extraterrestre visitara una ciudad actual pensaría
que los coches son sus verdaderos habitantes.
Desde que ser propietario de un vehículo es un concepto
universal en los países desarrollados, hemos organizado nuestras
vidas en función de las distancias que podemos recorrer.
Nuestra propia existencia está ahora tan sometida al coche
que es difícil que imaginemos la vida sin él; la libertad
de poder ir a donde sea, cuando sea, se considera un derecho (con
el que nacemos, como nacemos con hígado, por ejemplo). Nuestras
mentes son como planos urbanos que van creciendo conforme el coche
acorta distancias y tiempo. Los niños están acostumbrados
a los coches desde que nacen, y en occidente saben más de
marcas de coches que de los distintos tipos de flores o árboles.
Ya hubo quien dijo que “Aquél que siembre calles y
parkings de varias plantas, cosechará atascos” (Daniel
Goeudevert, Director de Volkswagen, Alemania),
Los nuevos desarrollos de nuestras ciudades están básicamente
pensados asumiendo que todos tendremos un coche para recorrer las
distancias y darle movilidad al estilo de vida que preconizan. Esta
presunción no considera a los no conductores. Además,
casi una tercera parte del terreno de las ciudades está consagrado
a los coches.
La primera pregunta que cabe hacerse es si nuestras
ciudades pueden soportar una mayor demanda de transporte. La segunda
es si el desarrollo sin límites del tráfico automovilístico
individual permitirá satisfacer la demanda de movilidad en
las ciudades.
2) Sobre las formas de hacer y vivir la ciudad
Conforme las ciudades se han convertido en el principal hábitat
de la humanidad, el reto para el futuro es dar a las personas un
sentido de seguridad. Las ciudades deben hacerse social, económica
y ecológicamente sostenibles, cumpliendo las necesidades
básicas del hombre de vivienda, subsistencia, y cohesión
social. Para que esto funcione, es fundamental la participación
activa de las personas a la hora de darle forma a su medio. Pero
el reto actual va más allá: tenemos que comprender
el impacto para el planeta de nuestro estilo de vida urbano y debemos
responsabilizarnos para crear un nuevo estilo de vida que sea compatible
con el mantenimiento de una biosfera intacta con todas sus especies
vivas. No hay una sola ciudad que nos sirva de modelo, pero sí
podemos aprender de los retazos de distintas iniciativas que existen
en el mundo.
“Lucharemos por los ideales y las cosas sagradas de la ciudad;
tanto solos como en compañía... transmitiremos a esta
ciudad no menos, sino más y mejor y más belleza de
la que nos fue transmitida a nosotros.”
Juramento ateniense, 550 a.C.
Respecto a las nuevas formas de hacer y vivir
la ciudad planteo las siguientes reflexiones para el debate:
a. Civilización, no movilización:
La gente necesita lugares alegres, imaginativos y seguros para vivir,
trabajar y relajarse. Para que las ciudades sean saludables, atractivas
y prósperas, todavía han de cambiar muchas cosas.
Las ciudades deben ser centros de civilización en lugar de
campos de movilización de personal en la desesperada búsqueda
de lo inaccesible.
b. Ciudades redivivas (renacidas):
Para devolver la vida a las ciudades urge reconstruir sus vecindarios,
y su infraestructura social y cultural. La convivencia urbana es
un arte mayor, como muestran los mejores ejemplos que hemos heredado.
Nuestros centros históricos de calles estrechas, a escala
humana, contratan con elegantes edificios públicos y espacios
abiertos. Estos “trozos” de ciudad son ejemplo de la
buena planificación, pero también del crecimiento
orgánico. Son funcionales, pero también son centros
de actividad económica, social y cultural. Pero además,
los centros urbanos definen la personalidad de las ciudades mejor
que ninguna otra cosa.
c. La gente sabe lo que necesita:
Las auténticas ciudades están construidas por las
gentes que las habitan, y no por burocracias remotas. La gente es
perfectamente capaz de articular sus necesidades y posee la habilidad
para conseguirlo. Las auténticas comunidades no pueden construirse
artificialmente. Los habitantes de una ciudad quieren hacer sus
propias contribuciones al construir su medio ambiente, y el permitirlo
es fundamental para mejorar las condiciones de vida.
d. La ciudad diversa:
El intercambio cultural es imprescindible en un mundo en el que
las comunidades globales son un hecho cada vez más frecuente.
La diversidad cultural de las ciudades puede crear tensión
y enfrentamientos entre gente de diversas tradiciones, pero también
origina pluralismo y tolerancia. El futuro de las ciudades depende
radicalmente de que dicho pluralismo no se sofoque, sino que se
promueva activamente. Las ciudades de hoy son mundos urbanos, para
bien o para mal. Deben aportar modelos para que la gente pueda aprender
a vivir conjuntamente en un mundo cada vez más interdependiente.
3) Sobre consumo y medio ambiente:
El consumismo tiende a verse como el resultado de actitudes individuales,
de preferencias de los consumidores “soberanos”. Sin
embargo, el consumidor goza de mucha menos soberanía de la
que le atribuye la economía convencional. Para empezar se
ve forzado a elegir entre unas pocas alternativas que vienen ya
predeterminadas por el sistema productivo. Aunque tenga sensibilidad
ecológica, no podrá optar por el envase de vidrio
retornable si el mercado no le ofrece esta posibilidad, e incurrirá
en prácticas insostenibles, como los envases desechables
de aluminio y los envoltorios de plástico, no por propia
voluntad.
Pero además, el reconocimiento de los demás es una
necesidad que afecta a los bienes que llegamos a considerar necesarios,
como signos de un logro social. Por otro lado la moda desvaloriza
bienes que conservan aún su plena funcionalidad o valor de
uso, provocando que se acorte la vida útil de los bienes.
Ya hemos visto como el automóvil particular se ha convertido
en una segunda piel adherida a nuestro cuerpo, y a veces hay más
de un coche en una familia. Demás, la publicidad que financia
nuestras televisiones públicas nos incita a comprar coches
por el puro placer de aparentar.
Por todo ello, combatir el consumismo, entendiendo por ello consumo
excesivo, superfluo, innecesario, injusto, etc., no puede plantearse
como una decisión moral puramente individual. Debe plantearse
como un conjunto de iniciativas colectivas, sociales y políticas.
¿Qué opinión os merecen estas afirmaciones?
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